Revista “Pluma y pincel”

Edita: Asociación Cultural Tertulia Goya. Cantabria
Año: 2011
Autor: Juan Gutiérrez Martínez-Conde
Sección: Arte

El autor del artículo reflexiona, tras una introducción biográfica sobre Emilio Gil, acerca de la faceta artística del diseñador manifiesta en sus “montajes gráficos”.

Emilio Gil: Arte y Diseño

Juan Gutiérrez Martínez Conde

Todos los artistas tienden a expresar su creatividad en las diversas labores que realizan, aunque parezcan alejadas de las formas artísticas convencionales. En el caso de Emilio Gil su talento se ha manifestado en el campo del diseño gráfico donde, a pesar de su juventud, ha desarrollado un extenso currículo que incluye el trabajo para innumerables empresas nacionales e internacionales, instituciones o acontecimientos relevantes como: Telefónica, Santillana, Ministerio de Cultura, Ayuntamiento de Madrid, Presidencia Española de la Unión Europea 2010, Fondo Monetario Internacional o Grupo del Banco Mundial, entre otros. Ha sido comisario de destacadas exposiciones como: Signos del siglo. 100 años de Diseño Gráfico en España (MNCA Reina Sofía, 2000), ¿Dissenyes o diseñas? Lo mejor de los dos mundos (CC Blanquerna, 2006) y 24 x 365. Diseño Gráfico para la Comunicación Pública (Círculo de BB AA, 2008).

Estudió en la Universidad Politécnica de Madrid, donde obtuvo el título de Arquitecto Técnico en 1975. Posteriormente ha continuado su formación en el School of Visual Arts de Nueva York y en la Central St. Martins de Londres en Comisariado de exposiciones. Más tarde ha ejercido funciones docentes en diversas universidades: Salamanca, Carlos III, Europea y Complutense de Madrid, y ha impartido conferencias en diversos ámbitos. En 1980 fundó Tau Diseño y su labor en este campo ha sido reconocida con el Premio Laus de oro 1995 en Diseño Editorial y el Type Directors Club de Nueva York en el mismo año. Desde junio de 2009 es presidente de la AEPD, Asociación Española de Profesionales del Diseño.

Emilio Gil ha diseñado libros de gran belleza como Un toro negro y enorme que obtuvo varios premios Donside de Diseño Gráfico en Gran Bretaña y otros también relevantes en Nueva York y España. Es el autor de una obra de referencia como Pioneros del Diseño Gráfico en España (Index Books, 2007) traducido al inglés (Pioneers of Spanish Graphic Design, MBP, New York, 2010) que tendrá en breve una segunda parte. Este libro ha rescatado las figuras de precursores del diseño en nuestro país cuando ésta labor ni era valorada ni había tenido el desarrollo que alcanzó en otros lugares en los que era posible una mayor libertad creativa y tenían un nivel económico superior. En esta obra aparecen seleccionados quince diseñadores, la mayoría de Madrid y Barcelona, pero curiosamente dos de ellos pertenecen a una comunidad tan pequeña como Cantabria. Son Daniel Gil, ampliamente conocido por sus magníficas cubiertas de los libros de bolsillo de Alianza Editorial y Julián Santamaría, pintor, diseñador y uno de los mejores cartelistas españoles del siglo xx.

En este artículo vamos a comentar un aspecto diferente y menos conocido de Emilio Gil, unas obras artísticas realizadas con la técnica del collage, pero que él prefiere denominar montajes gráficos. Tienen su origen en los recortes que durante un tiempo hacía de los titulares, logos o composiciones que le parecían de interés del diario británico Independent on Sunday. En algunas ocasiones habían sido hechos a mano y sus formas irregulares contrastan con la rigidez y uniformidad de los diferentes tipos de letras de los anuncios o de los textos. También emplea el contraste de los colores homogéneos de cada una de las cartulinas utilizadas como soporte con los diferentes tonos de los recortes elegidos para cada composición.

Estas piezas pueden parecer colocadas al azar o clas­ficadas de forma caótica, pero todas tienen una unidad de contenido o de tema. Pueden ser letras capitulares escalonadas, rectángulos verticales con imágenes y textos de cantantes o músicos modernos, diferentes tipos de planos, etc. Los elementos empleados son fundamentalmente letras aisladas o formando palabras, números y, en menor medida, pequeños objetos corno cucharas, tenedores, sobres de azúcar o etiquetas.

La habilidad del artista consiste en permitir que elementos muy dispares o diferentes manifestaciones de un tipo de objetos, un mapa por ejemplo, consigan encontrar una forma bella o se estructuren armoniosamente para producirnos un placer estético. Los diferentes elementos y técnicas que utiliza el autor son los materiales artísticos que después de rivalizar entre sí han llegado a un punto de equilibrio que despierta el interés estético del espectador. Si nos fijamos con un poco más de atención, descubrirnos que todos estos componentes han terminado por conformar estructuras que buscan un sentido. En estas obras hay un contenido semántico oculto en el aparente caos de los recortes, que son fragmentos de otros discursos lingüísticos o gráficos destruidos para crear otras realidades nuevas que se nos ofrecen para ser interpretadas de manera diferente por cada uno de nosotros. El ser piezas abiertas es una característica que diferencia a la obra de arte, dirigida a la subjetividad y a la libre interpretación, del diseño que, más allá de su belleza u originalidad, debe conducir al observador a una interpretación unívoca, a un mensaje cerrado, lo más claro y sencillo posible.

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