Diario «La Vanguardia»

Año: 2007

Columna del escritor Oriol Pi de Cabanyes dedicada al libro de Emilio Gil Pioneros del diseño gráfico en España.

Pioneros del diseño

El diseño empezó siendo dibujo publicitario: el dibujo al servicio de un texto con finalidades comerciales. Al principio, pues, la también llamada «plástica publicitaria» ilustraba un escrito, sin pensar que la imagen no sólo reforzaba sino que podía transmitir ya en ella misma el mensaje. Generalizada esta idea, la imagen se independizó del texto y en cierta manera lo suplantó, al considerar también a la escritura sólo en su mera forma. Y en ello estamos.

El diseño gráfico, que es como ahora se le llama, busca la máxima efectividad con el mínimo de elementos. Y, ya que es una «pragmática del ojo», en la feliz definición de Pla-Narbona, uno de sus grandes, busca resultados por el impacto visual y tiende a lo básico prescindiendo de florituras distractivas. El mejor diseño es el que, siendo lo más económico posible en recursos, es el que mejor se adapta a las necesidades de comunicación a las que sirve. El que obtiene más con menos.

Hace unos años, todo lo relacionado con el mundo del diseño era considerado tan glamouroso que se popularizó aquello de «¿estudias o diseñas?». Pero lo cierto es que, antes de que existieran por aquí escuelas donde estudiar técnicas de diseño, prestigiaron el oficio unos precursores que, sin ellos saberlo, estaban creando una profesión nueva, «abriendo a las generaciones posteriores una nueva forma de relacionarse con la comunicación y al disfrute de una forma atractiva de proponerla».

Lo escribe Emilio Gil en la justificación del gran libro Pioneros del diseño gráfico en España, con un excelente estudio de conjunto de Anna Calvera, en el que se repasa la trayectoria de los mejores de aquellos pioneros del diseño gráfico en España (La mayoría de ellos, catalanes) entre 1939 y 1975. Y son Josep Artigas, Alexandre Cirici-Pellicer, Armand Domenech, Elías & Santamaría, Jordi Fornas, Fermín Gabayo, Daniel Gil, Ricard Giralt Miracle, Ernest Moradell, Antoni Morillas, Joan Pedragosa, Manolo Prieto, Julián Santamaría, Tomas Vellvé y el ya citado Josep Pla-Narbona, que, siempre gran dibujante y ahora dedicado del todo a la pintura, expone estos días en el Museu Monjo de Vilassar de Mar, que dirige Francesc Rodon.

En este libro no hay ningún diseño realizado con ordenador. Ahora que las facilidades técnicas que permite la informática parecen haber reducido, paradójicamente, la nómina de diseñadores realmente vocacionales, con auténtica creatividad artística, es bueno que tengamos presentes a aquellos grandes pioneros del diseño que, sintiéndose gentes de cultura en el sentido más amplio de la palabra, o sintiéndose continuadores de una tradición artística en la que la mano todavía no había sido sustituida por la máquina, bien merecerían ver reconocidas sus obras en un museo específico.

Oriol Pi de Cabanyes

Volver arriba